Tengo la sensación de que 2010 va a ser un gran año.


 

Entiendo el optimismo en el sentido de Locke “los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”, porque a veces el hecho de que una circunstancia llegue a darse es también fruto de la disposición de la persona.

Mi declaración sobre 2010 gira en torno ese concepto: la profecía autocumplida, porque si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales. Este es mi único propósito para el nuevo año, poner en marcha todos mis activos y capacidad de adaptación para que la lectura de este año sea positiva.

Y si todos tenemos una actitud similar, es posible que la convergencia de nuestras subjetividades se convierta en la realidad. Vivimos en una sociedad en la que lo macro se construye  a partir de lo micro y las expectativas que genera: las diversas burbujas, los mercados de valores, los sistemas de creencias… Si como personas, consumidores y trabajadores nos dejamos llevar por una confianza realista y proactiva será más fácil que el resultado sea el que deseamos.

El ejemplo de cómo puede llevarse a cabo sería el caso de Obama. Obama como figura, como “marca”, como mensaje. La cercanía como una nueva forma de entender el mundo, la comunicación participativa y bidireccional, la confianza en el futuro (Yes, we can), la mezcla de emoción con razón, de 2.0 con 1.0, de valores tradicionales con nuevas apuestas…

 

Sí, nadie nos dijo que fuera fácil pero “a por ellos, que son pocos y cobardes” (Loquillo y los Trogloditas).