Nací un 16 de febrero, hoy cumplo 33 años. A lo largo de este día tendré la ocasión de hablar con personas que tengo lejos en el espacio pero cerca en el corazón, algunas cotidianas y otras con las que únicamente comparto momentos ese par de veces al año que espero como un niño la noche de reyes. También lo haré con otros cuyas palabras me suenan huecas, y probablemente a ellos las mías también… y me cuesta encontrar la forma de transmitir los sentimientos que me provocan aquellos que en mi interior están catalogados como “los de los abrazos”. ¿Cómo sabrán ellos que no son uno más de los más de 400 “amigos” que tengo repartidos en las distintas redes sociales?

 

Veo que el influjo de los nuevos soportes de comunicación está llevando a una creciente banalización del lenguaje, ya sea por las características de los medios en sí como los 140 caracteres en Twitter o SMS (sí señor McLuhan, tenía usted razón, el medio es el mensaje) o por las nomenclaturas que se utilizan en los Social Media (amigos, contactos, seguidores, ¡fans!) y las palabras están dejando de tener su sentido.

 

Estoy segura de que a falta de sentido de éstas, inventaremos otras, pero lo que nos configura como personas son esas palabras y como en la película de Kamchatka ciertos conceptos son “el lugar donde resistir”.

 

Tomo una cita de Ricardo Forster Las formas del decir nunca son inocentes: dime cómo nombras el mundo y te diré en qué mundo vives”. Por favor, que nada nos haga perder el espíritu crítico y la capacidad de nombrar nuestros mundos.